La carta de Nvidia por la la IA de "pesos abiertos": qué dice, quién la firmó (de verdad) y lo que no cuenta
- Dani Russo
- 1 ago
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El 24 de julio de 2026, Nvidia (empresa fabricadora de chips) publicó una carta abierta titulada "Open Weights and American AI Leadership" (1). La firmaron, en su lanzamiento, Microsoft, Meta, Palantir, IBM, Andreessen Horowitz, Hugging Face, Mozilla, la Linux Foundation y otras veinte empresas. El texto le pide a Washington una sola cosa, repetida de varias formas: no restrinjan por ley los modelos de inteligencia artificial de "pesos abiertos". Jensen Huang, CEO de Nvidia, la compartió en su primer posteo en X; Satya Nadella (Microsoft) hizo lo mismo. En 48 horas se sumaron 25 firmantes más.

La idea de fondo no suena mal: Que los modelos de IA permanezcan abiertos a la comunidad —auditables, descargables, modificables— es preferible a que un puñado de empresas concentre esa capacidad detrás de una caja negra que nadie puede abrir para mirar cómo funciona. Pero si se lee la carta completa —no el resumen, el documento entero— lo que aparece no es solo esa idea de fondo. En líneas generales es un documento de lobby, escrito en el idioma de "el liderazgo americano", dirigido a la propia administración de Estados Unidos, en medio de una pulseada muy concreta con China.
¿Pero qué tipo de empresa es Nvidia y por qué importa?
Nvidia diseña los chips (GPUs) que entrenan y corren la gran mayoría de los modelos de IA del mundo — es la empresa más valiosa del sector, y el negocio depende pura y exclusivamente de cuántos chips se vendan y en cuántos lugares corran modelos.
Vale la pena decirlo sin vueltas: a Nvidia no la mueve una convicción filosófica sobre la apertura, la mueve su negocio. Un ecosistema dominado por un puñado de modelos cerrados corre concentrado en los centros de datos de sus socios —Microsoft, Amazon, Google—, que además están desarrollando sus propios chips para depender cada vez menos de Nvidia. Un ecosistema de modelos abiertos, en cambio, se despliega en miles de empresas, universidades y gobiernos que no tienen escala para fabricar su propio chip, y que por lo tanto le siguen comprando a Nvidia. Cuanto más fragmentado y diverso el ecosistema de IA, más clientes cautivos tiene Nvidia. La carta que Jensen Huang (CEO y co-fundador de Nvidia) compartió personalmente no es el gesto neutral de un proveedor de infraestructura: es la empresa que más pierde, en términos absolutos, si la IA se concentra en dos o tres laboratorios que algún día puedan prescindir de sus chips.
¿Qué son los ¨Pesos abiertos¨ en una IA?
Pesos abiertos no es lo mismo que open source, y acá explico la diferencia.Un programa de código abierto clásico te da el código fuente completo: podés leer cada línea, entender la lógica, modificarla y volver a compilarla. Un modelo de IA de "pesos abiertos" te da los parámetros ya entrenados —los números que resultaron del entrenamiento— para descargar y correr en tu propia infraestructura, y eventualmente ajustar con tus propios datos. Lo que normalmente no incluye es el código de entrenamiento, los datos con los que se entrenó, ni la metodología completa. Es una caja que podés operar, pero no necesariamente auditar de punta a punta.
La propia carta usa la comparación con el software libre de los años 80 como argumento central. Pero el propio Dario Amodei, CEO de Anthropic, salió a discutir esa equivalencia en medio de esta polémica: "con open source podés ver el código fuente del modelo. Acá no podemos ver dentro del modelo, por eso se lo llama open weights en vez de open source (...) muchos de los beneficios [de que muchas personas puedan trabajar sobre él de forma aditiva] no funcionan igual" (2). Lo calificó de "red herring" —cortina de humo. Este es un argumento técnico real, no solo una crítica interesada de Amodei hacia sus rivales: la Open Source Initiative tiene desde 2024 una definición formal de "IA de código abierto" que exige transparencia también de los datos de entrenamiento, un estándar que ni los modelos Llama, ni Qwen, ni prácticamente ningún modelo de pesos abiertos actual cumple.
Dicho eso, a Amodei también le conviene que la distinción quede clara: cuanto más se acepte que "pesos abiertos" no es lo mismo que apertura real, más fácil es defender que un modelo cerrado como el suyo no está haciendo nada distinto en el fondo.
Quién firmó, en realidad
La cobertura del primer día fijó una foto que se volvió sentido común: "Nvidia, Microsoft y Meta firman; OpenAI y Anthropic no." Esa foto quedó vieja en 48 horas. El mismo documento, alojado en un PDF que se sigue actualizando, pasó de 25 a 50 firmantes entre el 24 y el 26 de julio (3) — y entre los nuevos nombres aparecieron OpenAI y Google. Sam Altman había reaccionado el primer día diciendo, desde afuera, que quería que Estados Unidos "gane con modelos abiertos y propietarios"; dos días después, OpenAI ya estaba en la lista de firmantes. La única gran empresa de frontera que no firmó, en ningún momento, es Anthropic (Amazon tampoco, aunque pesa menos en la narrativa).
Eso deja a Anthropic en una posición cada vez más incómoda: no es "dos empresas de seguridad contra el resto de la industria", es una empresa cada vez más sola, mientras hasta su competidor más cercano (OpenAI) cedió a la presión pública de sumarse. Y tampoco es la voz moral pura que parece a primera vista —más abajo cuento por qué. Ninguno de los dos bandos de esta pelea está actuando por principios. Están actuando por posición de mercado.
El trasfondo: no es sobre filosofía, es sobre China
Para entender esta carta alcanza con una idea: China le está ganando a Estados Unidos en un terreno puntual de la IA, y esta carta es un intento de no perder más terreno ahí. Hay dos tipos de modelos de inteligencia artificial compitiendo en el mundo. Los "cerrados" —como los de OpenAI o Anthropic— a los que accedés pagando, sin poder bajarlos a tu computadora. Y los "abiertos", que cualquiera puede descargar gratis y correr en su propia máquina. En esta segunda categoría, hoy, los modelos chinos (Qwen, DeepSeek, Kimi) son mejores y más usados que los estadounidenses. Uno de ellos, Qwen, ya suma más de mil millones de descargas y se lleva más de la mitad de todas las descargas de modelos abiertos del mundo. Llama, el modelo abierto de Meta que hace dos años era el más popular, hoy ni siquiera entra en el ranking (4). Eso preocupa al gobierno de Estados Unidos porque ya había decidido, en un plan oficial de 2025, que tener modelos abiertos fuertes es una cuestión de poder frente a China, no solo de negocios (5). Y entonces se desató una pelea interna. El Departamento del Tesoro amenazó con sancionar a empresas chinas de IA, acusándolas de robar propiedad intelectual: el caso concreto es que la empresa china Moonshot AI habría copiado partes del modelo de Anthropic para construir el suyo (una técnica llamada "destilación" —algo así como aprender a resolver un examen mirando muchas respuestas de otro, sin ver las preguntas originales; a veces es una práctica legítima, a veces es un atajo tramposo) (6). Del otro lado, un asesor de la Casa Blanca, David Sacks, salió a decir que el verdadero peligro no es China, sino que empresas como Anthropic usan el miedo a China como excusa para convencer al gobierno de prohibir los modelos abiertos y quedarse solas con el negocio (7).
Esta carta es, en el fondo, la industria tecnológica poniéndose del lado de Sacks: le dice al gobierno "no restrinjan los modelos abiertos, porque ahí es donde todavía podemos competirle a China. Si los regulan mal, perdemos esa pelea antes de tiempo." Y ahí es donde se cae la lectura idealista de esta carta. No es un manifiesto por la democratización del acceso a la IA. Es una carta sobre no perder una carrera, disfrazada con el vocabulario de "beneficios compartidos ampliamente" que en el fondo suena a bien común pero funciona como argumento de negocios.
Palantir: la paradoja que nadie nombra
Hay un firmante de esta carta que merece una lectura aparte: Palantir. La empresa firma un documento que invoca — sin usar la palabra, pero con ese espíritu— beneficios repartidos ampliamente y no concentrados en pocas manos. Y sin embargo, su cofundador, Peter Thiel, escribió en 2009, en un ensayo publicado por el Cato Institute, que "ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles", y que la expansión del sufragio femenino y del estado de bienestar desde 1920 volvieron "la democracia capitalista" un oxímoron (8). No es una frase sacada de contexto por un crítico hostil: es una tesis que Thiel sostuvo por escrito y que se sigue citando como fundacional de cierto sector de la nueva élite tecnológica. Alex Karp, CEO de Palantir, publicó el año pasado un libro —The Technological Republic— que elogia más al fundador autoritario de Singapur, Lee Kuan Yew, que a cualquier estadista norteamericano, y que se apoya en Carl Schmitt para argumentar que la exigencia de "competencia meritocrática" de la tecnología choca con el reconocimiento igualitario propio de una democracia (9). Varios críticos académicos calificaron directamente esas ideas de "tecnofascismo" —un calificativo fuerte, que hay que atribuir a quienes lo escribieron y no presentar como consenso, pero que da la magnitud de la discusión que generó ese libro.
No hace falta compartir ese calificativo para notar la tensión: una empresa cuyos fundadores tienen, por escrito, una relación pública de escepticismo hacia la democracia liberal firma un documento que apela a que los beneficios de la IA "se compartan ampliamente" y no "se concentren en pocas manos". No digo que sea hipocresía deliberada. Digo que es exactamente el tipo de contradicción que conviene mirar de cerca cuando una carta corporativa usa vocabulario de bien común.
Lo que puede pasar ahora con los modelos de IA chinos
Ninguno de los mecanismos más duros —una prohibición directa, sanciones formales— se aplicó todavía. Lo que sí está sobre la mesa, según reportó Axios (medio de noticias estadounidense) citando fuentes de la administración, es un combo más silencioso: la inclusión de laboratorios chinos en la "Entity List" (lista que maneja la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio de Estados Unidos que incluye empresas, instituciones o personas —extranjeras, en general— a las que se les restringe o bloquea el acceso a tecnología, software o productos estadounidenses, por motivos de seguridad nacional o política exterior que cortaría el acceso sin necesidad de una prohibición explícita) es una advertencia de seguridad nacional que desalienta el uso corporativo de modelos chinos sin prohibirlo formalmente, y reglas de compras públicas que se filtran hacia abajo a cualquier empresa que tenga contratos con el Estado. Ninguna de esas tres vías necesita nombrar a una empresa puntual para afectarla — y esa, dicen los que siguen de cerca esta pelea, es la razón por la que probablemente sea la vía que efectivamente se use.
Y a nivel local ¿Qué pasa?
En la nota que escribí sobre el debate entre Milei y Harari por las "corporaciones no humanas" (10), ya había señalado un dato que el intercambio de columnas en el Financial Times no mencionaba: dos semanas antes de que Milei publicara su propuesta, Peter Thiel había visitado la Casa Rosada. El "Súper RIGI" que promueve el gobierno apunta específicamente a empresas de IA aplicada a defensa, vigilancia, drones autónomos y ciberseguridad —no es solo una postura ideológica sobre la desregulación, es también una oferta de negocios a un sector muy puntual. Desde que escribimos esa nota, el hilo se hizo más grueso, no más fino. Thiel volvió a reunirse con el equipo económico en abril, se instaló varios meses en Buenos Aires, y el gobierno lanzó el "Gemelo Digital Social" —un sistema que simula políticas públicas con datos de la ciudadanía— que por su diseño se parece funcionalmente a los productos de Palantir. El gobierno negó un vínculo directo con la empresa; varios medios señalaron que el sistema salió sin marco legal previo, sin detalle técnico público y sin que quede claro quién lo audita (11). Puede que no haya contrato firmado con Palantir. Lo que sí hay, documentado por medios como La Nación y Perfil, es a Peter Thiel personalmente sentado con Milei, Caputo y Sturzenegger, diseñando un régimen de tres décadas de estabilidad fiscal y cambiaria para atraer exactamente ese tipo de empresas (12).
Palantir, la misma compañía que en Washington firma una carta hablando de acceso amplio y beneficios compartidos es, en Argentina, la sombra detrás de un sistema de datos ciudadanos sin ley que lo regule. No hace falta que yo saque una conclusión grandilocuente de esto. Alcanza con poner los dos hechos uno al lado del otro. En esa misma nota señalé que Milei usó la Compañía Holandesa de las Indias Orientales como metáfora: Argentina como la nueva Amsterdam, el lugar que se anima primero y captura la prosperidad. Harari le devolvió la pregunta incómoda: ¿y si Argentina termina siendo las Indias, no Amsterdam? Esta carta —leída desde acá— responde esa pregunta con más claridad de la que cualquiera de los dos anticipaba en junio. Estados Unidos discute, puertas adentro, con qué instrumento de poder frenar a China sin resignar su propia ventaja en modelos abiertos. Es una discusión de una potencia sobre cómo no perder una carrera tecnológica real. Argentina, mientras tanto, no tiene ninguna carrera propia que correr en esa disputa. Somos y seremos siempre ¨patio trasero¨. Argentina no compite por soberanía en IA, lo que hace es importar el lenguaje de la urgencia —"no regular para no quedar afuera"— para un objetivo completamente distinto: atraer capital, no ganar una guerra tecnológica. El problema no es si los pesos de un modelo deberían estar abiertos o cerrados. El problema es que ni el debate norteamericano ni los debates que se puedan dar en Argentina tienen todavía un marco pensado para la pregunta que de verdad importa: cuando el poder de cómputo, los datos de una población entera y la infraestructura de decisión pasan por la cadena de las mismas dos o tres empresas privadas, ¿quién le responde a quién? Esa pregunta no la contestó la carta de Nvidia. Tampoco la contestamos nosotros, todavía.
Fuentes:
Nvidia, "Open Weights and American AI Leadership", 24 de julio de 2026.
Declaración de Dario Amodei recogida en thewincentral.com y citada en extenso en X por Rohan Paul.
Digital Applied, "The Open-Weight Letter and the Sanctions Threat Behind It", 26 de julio de 2026; Forbes; Tom's Hardware.
Understanding AI, "The best Chinese open-weight models"; Forbes (Jon Markman).
Ropes & Gray, "Winning the Race: America's AI Action Plan", julio de 2025.
Axios, "The secret Trump administration battle to fight Chinese AI", 20 de julio de 2026.
Axios, "Sacks says Chinese open-weight AI models push China ahead", 17 de julio de 2026.
Peter Thiel, "The Education of a Libertarian", Cato Unbound, 2009.
Reseñas de The Technological Republic (Alex Karp con Nicholas Zamiska) en Washington Monthly y The Nation.
Daniela Russo, "¿Pueden existir empresas sin dueños humanos? Javier Milei y Yuval Noah Harari debaten en el Financial Times".
Cobertura del "Gemelo Digital Social": Indymedia Argentina, La Izquierda Diario — atribuir la denuncia a estos medios, no presentarla como hecho confirmado por el gobierno.



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